La historia de nuestro país está lleno de una gran cantidad de hazañas de las que deberíamos estar muy orgullosos, esta es una de ellas. Una de esas hazañas que tendrían que tener un producto audiovisual propio que le haga justicia al valor y arrojo que definió a nuestros antepasados. Pero pongámonos en situación.

¿Por qué se celebra el día de la inmaculada?

En España todos los años, desde 1644, se conmemora el día de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre. Sin embargo, no fue hasta 1854 que el Papa Pío IX, a través de la carta apostólica ‘Ineffabilis Deus’ declaró el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María y estableció este día como festivo para toda la cristiandad.

¿Qué es la Inmaculada Concepción?

La Inmaculada Concepción es, en esencia, uno de los dogmas o afirmaciones irrefutables de la Iglesia católica. La Virgen María es la Madre de Dios y, por lo tanto, una de las figuras más relevantes del cristianismo. En particular, el dogma de la Inmaculada Concepción sostiene que la Virgen María fue preservada de toda culpa y de pecado original desde el instante de su concepción.

¿Por qué el 8 de diciembre y no otro día?

Pues bien, se cree que la virgen María nació un 8 de octubre, eso utilizando una simple regla matemática y teniendo en cuenta que la gestación humana dura 9 meses nos daría la fecha del 8 de diciembre como el día en que María fue concebida. La verdad me resulta curioso que este día lo que realmente se celebre en definitiva sea el acto sexual de los padres de María, por mucho que se diga que fue sin pecado concebida. Entiendo que dentro del matrimonio y con el fin de crear vida el sexo no es pecado, lo que me lleva a discernir que celebramos un polvo legítimo, dentro de las leyes católicas, pero en definitiva un polvo, ¡bien por ellos!

En España se empezó a celebrar por otro motivo: El milagro de Empel.

Corría el año 1585 y dentro del contexto de la guerra de los 80 años nos encontramos con esta batalla que paso a la historia como una de las más increíbles jamás ocurridas.

Nos encontramos en la siguiente tesitura: más o menos unos 5000 hombres pertenecientes a los tercios de Francisco Arias de Bobadilla, Juan del Águila y Cristóbal de Mondragón se encontraban en la zona por mandato de Alejandro Farnesio para invernar en la zona rebelde entre los ríos Waal y Mosa, concretamente en la isla de bommel. Era común en la época que en estado de guerra los soldados aguardaran el buen tiempo en zona enemiga para consumir sus recursos en lugar de los propios.

Entre aquellos hombres se encontraban una gran cantidad de soldados viejos, de los mejores soldados que había en todo Flandes. Teniendo en cuenta las fuertes creencias religiosas de la sociedad de la época en general y los tercios en particular, la moral de la tropa había decaído a causa de que una antigua reliquia que los acompañaba en Flandes había sido llevada de vuelta a la península a descansar en la catedral de Toledo.

El miedo que provoco la presencia de aquellos soldados en la zona, hizo que el general al mando de las tropas rebeldes decidiera atacar la isla por el agua con su flota. Decidieron remontar los ríos con una cantidad cercana a los 200 barcos que se dispusieron entre el Mosa y el Waal quedando así totalmente copados nuestros protagonistas. No contentos con esto y en un alarde estratégico por parte del conde Holac, decidieron reventar los diques, que al parecer ya rebosaban de agua por las fuertes lluvias, e inundar aún más la zona, con lo que a la vez que crecía la maniobrabilidad de los barcos decrecía la de las tropas de infantería de tierra que buscaron una zona elevada donde guarecerse y combatir mientras esperaban el socorro que habrían de mandar sus compatriotas.

Grabado de la batalla de Empel sacado de la página del pódcast Histocast.

Ante esta situación y conocedor, el rebelde de la capacidad de los españoles en la batalla, decidió que aun teniendo todo de cara, no le hacía ilusión entablar disputa alguna con ellos, ofreció a los supervivientes una rendición honrosa que fue contestada de tal forma:

“Preferimos la muerte a la deshonra, ya hablaremos de capitulación después de muertos”.

Maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla

Las compañías españolas rodeadas, cortas de víveres y hartas de una lluvia que mezclada agua y plomo a partes iguales, quedaron a merced de que el tiempo y su enemigo dieran cuenta de ellos.

Los holandeses, creyéndose vencedores de la contienda, se tomaron la licencia de increpar en nuestro idioma a las tropas, riéndose de la torpeza cometida al haber quedado en aquella situación por su propia culpa y alegaban que ni todo el poder de su rey los salvaría de caer en sus manos. Craso error este de enfadar a una bestia resignada, puesto que las emociones son el fuego del alma y no hay mejor carbón que la ira para despertar el corazón de un guerrero.

El milagro ocurrido del 7 al 8 de diciembre.

Un soldado español que cavaba una trinchera para guarecerse de la lluvia antes mencionada, en los primeros golpes de su azada se topó con una talla de la virgen María Inmaculada. Llevándola este con mucha alegría hasta donde se encontraba el sacerdote que acompañaba a la tropa, este organizo una misa y una serie de salves a la imagen que se encontró este soldado. Quedó la tropa fortalecida por la casualidad de dicho hallazgo y con fuerzas renovadas se dispusieron para el siguiente día de batalla que cambiaría el destino de la contienda. Aquella noche, ya sea por casualidad o por un milagro que la divina señora le concedía a quien ya todo lo tenía perdido, se despertó un viento gélido que congelo las aguas con espesor de hasta dos picas(refiriéndose al grosor de la pica no a su longitud) quedando tan dura el agua que soportaba el fuerte caminar de aquellos soldados. Estos, emulando a su señor Jesucristo, caminaron por las aguas y rindieron a las tropas rebeldes en una gesta tan magnífica como inusual, ya que no será común en la historia que una escuadra de infantería de tierra venza a una armada naval en su propio terreno. El conde Holac, ante la vuelta de tuerca que sufrió, solo pudo reconocer que:

“no era posible, sino que Dios era español, pues había usado con ellos tan gran milagro, nadie en el mundo, sino él por su divina misericordia fuera bastante a librarles del peligro y de sus manos”

El conde de Holac

Conclusión personal

Es evidente, que la aparición de aquella imagen es sospechosa al menos. En mi opinión, parece que fuera el propio maestre de campo, sabiendo que la moral de la tropa andaba baja, que además echaban de menos la reliquia que viajaba hacia Toledo y que poco más le quedaba por hacer para refortalecer a los suyos quien dispuso que algún soldado fingiera el encuentro con dicha imagen. Pero lo que es innegable, y ahí están las crónicas que lo atestiguan, es que lo ocurrido aquel día escapa de toda comprensión, ya sea casualidad o no, no es difícil entender por qué aquellos que se sabían muertos creyeron tan fuertemente que Dios estaba de su parte. Espero que os haya gustado un saludo y muchas gracias por leerme.

Os recomiendo que escuchéis este pódcast en el que se amplía la información y es contada de una forma aún más rigurosa por el escritor e historiador Malagueño Hugo A. Cañete.

https://www.histocast.com/podcasts/histocast-174-tercios-el-milagro-de-empel/

La Guerra De Frisia: Las campañas del coronel Verdugo en el norte de Flandes (1579-1594): 3 (Historia de los Conflictos)


Los Tercios en Combate: Acciones y batallas de la mejor infantería del mundo (CUADERNOS DE SALAMINA)



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