No miréis el calendario, no es 28 de diciembre, aunque resulte inverosímil, esta historia es tan real como que haya gente a la que le gusta la pizza con piña.

Estos hechos están situados en la época de la efímera primera república española, que duró desde el 11 de febrero de 1873, hasta el 29 de diciembre de 1874, cuando el pronunciamiento del general Martínez Campos dio lugar a la restauración de la monarquía borbónica.

La primera república estuvo marcada por tres conflictos armados simultáneos (la guerra de los Diez Años cubana, la tercera guerra carlista y la sublevación cantonal).

Una de las causas que dio al traste con esta idea fue la que nos ocupa hoy(además de diferentes golpes de Estado, diferencias entre los propios republicanos que llevaron a tener 4 presidentes del poder ejecutivo en 11 meses y demás vicisitudes que hicieron que fracasara. El siglo XIX español es desastroso y muy complejo)

Cartagena

Fue fundada como Qart Hadasht por el cartaginés Asdrúbal el Bello en el año 227 a. C., sobre un anterior asentamiento ibérico.​ La ciudad conoció su apogeo durante época romana con el nombre de Carthago Nova. Tras la desaparición del Imperio romano, con el nombre de Carthago Spartaria, formó parte de los dominios bizantinos en la península ibérica, de la que fue uno de sus más importantes ciudades, resultando destruidas tras su toma por los visigodos. Durante la época musulmana entro en una cierta decadencia hasta la edad moderna. En esta época se potenció su papel militar debido a su ubicación estratégica y en el siglo XVIII se convirtió en capital del departamento marítimo del Mediterráneo.

Una ciudad con una gran historia y tradición militar, un lugar idílico donde sucedieron los hechos que me dispongo a narrar.

Año 1873 

En este año se proclamó la Primera República y se convocaron las elecciones, ganaron los republicanos federales. El Gobierno elegido estableció entonces que el Estado se dividiera en 17 regiones soberanas (15 en la metrópoli, más las islas de Cuba y Puerto Rico) con “autonomía completa para dotarse de Constitución y de sus propios órganos de Gobierno”. Todo promesas.

Finalmente, las buenas intenciones del primer Gobierno republicano no llegaron a concretarse, una situación de estancamiento que provocó nerviosismo en algunos territorios y propició varias decenas de revueltas en todo el Estado.

La revolución no fue tan exitosa como esperaban: aunque los insurrectos lograron sublevar algunas ciudades, en la mayoría de ellas la rebelión duró solo unos días antes de que el ejército regular restableciera el orden republicano. También Murcia cayó al cabo de un mes de empezar la insurrección; pero Cartagena, epicentro del movimiento cantonal, resistió varios meses más.

Independencia e izado de la bandera turca.

Llegamos al 12 de julio, empieza lo bueno, una de las primeras cosas que quieren hacer los sublevados es izar una bandera que los diferenciara del estado del que huían, como querían que la bandera fuera roja, y no tenían otra a mano, cogieron una bandera turca que había por allí y dijeron: “po esta misma asi rojica como los tomaticos”. Sí, señores, la bandera del imperio otomano ondeó en el castillo de galeras con su media luna y su estrella de color blanco. ¡Si Diego de Saavedra Fajardo hubiera levantado la cabeza!

Uno de los generales que vio la bandera dijo: ¨Acho eso está una panzá raro ahí” ¿no?. Un soldado tuvo la genial idea de hacerse un corte en el brazo y así teñir las partes blancas de la bandera, esto no es una broma que se me haya ocurrido, parece que es verídico.

Grandes reformas adelantadas a su tiempo.

Una vez conseguida la victoria llega el momento de organizarse. La Junta Soberana toma el poder e inicia las reformas. Se prohíbe la enseñanza religiosa y empiezan las colectivizaciones. Se confiscan los bienes a la Iglesia y aquellos adquiridos por herencia y con origen de gracia y donación real, tales como vinculaciones, mayorazgos o capellanías, entre otros. Se decreta el divorcio y se deroga la pena de muerte. En pleno siglo XIX se reconoce el derecho al trabajo, se establece la jornada de ocho horas e incluso se diseña un plan educativo propio. Básicamente, los cartaginenses se adelantan 50 años a la proclamación de la jornada de 8 horas que llegaría en 1919.

Pero como ya imagináis, el sueño duro poco, unos 6 meses. Con una población de 75.000 habitantes, poco podían hacer contra el ejército republicano que, desde el principio, asedio al cantón. El Estado no ve con buenos ojos perder uno de sus puertos más importantes.

Solicitud de anexión a Estados Unidos.

Aquí llega el momento que a mi juicio es el más curioso de la contienda. Al iniciarse los bombardeos sobre Cartagena, los dirigentes cantonales tuvieron una nueva idea: usar la bandera de los Estados Unidos con la esperanza de que el amparo norteamericano frenara el ataque. Pero para que dicha protección fuera efectiva había que hacer una petición formal al gobierno de los Estados Unidos, por lo que el jefe del gobierno cantonal, Roque Barcia, (curioso el apellido, recuerda al de Barca, ilustres gobernantes primigenios de Cartago) escribió una carta al presidente estadounidense Ulyses S. Grant y se la hizo enviar a través del embajador norteamericano en Madrid.

Se sabe que efectivamente Grant recibió la carta y que prometió estudiar la petición, pero si lo hizo, fue demasiado tarde.

El asedio acabará por echar por tierra los deseos soberanistas de Cartagena. La ciudad estaba sitiada por tierra y mar. Los bombardeos se sucedían, llegándose a lanzar más de 1.000 proyectiles al día sobre el casco urbano. El 12 de enero de 1874 se produjo la capitulación definitiva tras miles de muertos, más de 300 edificios totalmente destruidos y 1.500 con grandes destrozos; solo 27 quedaron indemnes en toda la ciudad. El Cantón de Cartagena había llegado a su fin.

Al final se impone la ley del más fuerte, en este caso la república española, bajo el mando del general Serrano.

Imaginaos que hubiera prosperado la adhesión de Cartagena a los Estados Unidos, que magnífico dialecto del inglés se hubiera generado y cuanto hubiera mejorado la gastronomía yankee de haber tenido acceso a la materia prima de la huerta murciana.

Como siempre espero que este artículo no le provoque un paparajote a nadie.  Nada como coger el caire al panocho y profundizar en la cultura de nuestro país. Un saludo y muchas gracias por leerme.

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