Concepción Arenal en nuestra lengua debería ser sinónimo de valentía y esto es decir mucho, puesto que si habéis seguido esta serie de artículos sabréis que precisamente por su valentía es por lo que destacan las mujeres de las que he hablado hasta ahora. A mi juicio, todas las figuras femeninas a las que les he dedicado un artículo anteriormente se destacaron en momentos en los que su vida o la de los suyos se encontraba entre el espada y la pared. Concepción desempeñó su labor teniendo acceso a una vida de comodidad que las otras mujeres de las que he hablado tan solo podían soñar, ella llevó a cabo su labor desde un punto de vista moral y ético. Con la convicción de que la injusticia debe ser combatida, aunque no te incumba o perjudique.

Primeros años

Nació dentro de una familia ilustrada con títulos de nobleza. Su padre, Ángel del Arenal y de la Cuesta, llevó a cabo una carrera militar con simpatías por la Constitución de 1812 y confianza en las posibilidades que traía el liberalismo frente al absolutismo de Fernando VII. La ideología de su padre, firme defensor del liberalismo, y su prematuro fallecimiento marcarán sin duda el carácter de Concepción Arenal. De él aprenderá a mantener firmes sus convicciones personales y a luchar por lo que cree justo. No olvidemos que D. Ángel comenzó a cursar los estudios de leyes, pero al estallar la guerra de la Independencia los abandona para ingresar en la carrera militar. Fue encarcelado a la vuelta al trono del que seguramente fue el peor rey de España, Fernando VII. Algunas fuentes hablan de que en su estancia en prisión enferma lo que le llevo a una muerte prematura, este hecho seguramente marco a la joven concepción. 

Murió cuando ella apenas contaba nueve años. Se trasladó entonces con su madre, Concepción Ponte y Tenreiro, y con sus hermanas a la casa solariega en Armaño (Santander). Allí vivía su abuela paterna, Jesusa de la Cuesta. La formación intelectual de Concepción Arenal tiene así un primer cimiento entre los recuerdos de la abuela y la biblioteca familiar, a la que había hecho una buena aportación un tío de su padre, Juan Domingo del Arenal, sacerdote ilustrado que había vivido en México.

Su abuela también le inculca fuertes conocimientos religiosos que marcaran su vida posterior.

Llegada a la corte y estudios para ser buena “señorita”.

En 1835 su madre decide trasladarse a la Corte para que sus dos hijas, Concha y Tonina, reciban la educación propia de unas señoritas. La llegada a la Corte no fue de su agrado, ya que hasta este momento había gozado de una vida libre de prejuicios sociales y en contacto constante con la naturaleza. Las niñas junto a sus primas ingresan como alumnas externas en el colegio de Tepa, donde a falta de un verdadero programa de estudios les enseñarían a comportarse correctamente en sociedad, tal como deseaba su madre (vamos formación de esposa florero, como hablar, como reír, como andar para satisfacer a los hombres en sociedad). Programa de estudios que desde luego no satisface su enorme curiosidad intelectual, esa inmensa ansia de saber que caracteriza a Concepción Arenal. Se ha dicho que en estos años aprendió de manera autodidacta italiano y francés, al igual que se sentía atraída por la lectura de libros que versaban sobre ciencias y filosofía. Las relaciones entre madre e hija no fueron las mejores, pues al finalizar esa primera etapa educativa tenía la pretensión de cursar estudios superiores, deseo inaudito en una mujer de la época y claramente reprobable para su madre.

Primera mujer en asistir a la universidad que no en matricularse.

En 1840 vuelve a Armaño para cuidar a su abuela enferma, Jesusa de la Cuesta. Concepción Arenal está claramente decidida a llevar a cabo su aventura y, por ironías del destino, el fallecimiento de su abuela ese mismo año, hace recaer sobre ella la herencia familiar, y el de su madre en 1841, facilita su pretensión: a los veintiún años Concepción Arenal es dueña absoluta de su destino, poniendo en práctica aquellos proyectos a los que su madre se había opuesto con fuerza. Una auténtica pena que tenga que ser la muerte de sus seres queridos, la que le den alas para cumplir con un sueño tan loable como el suyo.

Esto es algo de lo que siempre hablo. Son los hijos de la burguesía ilustrada los que comienzan las revoluciones y aunque ella jamás pegó un tiro, fue una revolucionaria. Su valentía y trabajo puso la primera piedra para que treinta años después otras mujeres pudieran acceder a estudios antes solo reservados para hombres.

Decidida a que nadie le impidiese alimentar su hambre de conocimientos, tuvo que disfrazarse de hombre, se cortó el pelo, vistió levita, capa y sombrero de copa para así poder asistir como oyente a la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid.

El engaño aguantó hasta que la pillaron. Concepción razona hasta que llega a un acuerdo con el rector. Acordaron hacer un examen de conocimientos. Examen que aprobó con una nota brillante.

A la universidad no le quedo otro remedio que admitirla, siendo esta la primera vez en la historia de España, que una mujer asistiera a sus clases. Lo hizo como oyente, no podía matricularse ni recibir título alguno (Sus posteriores logros son una muestra más que debería hacer pensar a la sociedad actual de su titulitis imperante). 

Tuvieron que inventar una liturgia que, a diario, tenían que llevar a cabo para tener el menor contacto con los hombres, no entiendo el porqué ni puedo juzgarlo, es tan ridículo a nuestros ojos como injusto juzgar los hechos del pasado. 

Cada mañana un bedel la recogía en la entrada de la Facultad y la dejaba en una habitación a solas en la que tenía que esperar hasta que el profesor fuera a buscarla para llevarla al aula y comenzar la clase. Una vez allí la sentaba en una zona apartada y la devolvía a la habitación una vez concluida, a la espera del siguiente profesor y la siguiente clase. Así estuvo durante 4 años, hasta 1845. Por este motivo admiro su valentía y convicción, imagínense la cantidad de improperios de un sexo y otro que debió resistir de jóvenes asustados por los cambios que ella realizó.

 Detrás de un hombre hay una gran mujer y viceversa.

En estos años conoce a Fernando García Carrasco, con el que contrae matrimonio el 10 de abril de 1848, a pesar de los casi quince años que le separa de este abogado y periodista. Hombre avanzado para la época que supo entender con total perfección las aspiraciones de Concepción Arenal y contempló a su esposa desde el verdadero plano de igualdad, pues siempre admitió que le acompañase vestida de hombre a las tertulias del café Iris o que aportara al hogar las ganancias de un trabajo remunerado. Tuvieron 3 hijos, de los que solo sobrevivieron los dos pequeños.

Gracias a los pensamientos progresistas de su marido se pudo codear con ilustres de la época en dicho café como Cánovas del Castillo.

Obra y trabajos de Concepción Arenal

Escribió multitud de novelas, obras de teatro, ensayos y artículos con una anécdota de particular interés.

Sus Fábulas en verso (1851), texto que será declarado lectura obligatoria en enseñanza primaria.

 En 1855 comienza su colaboración en La Iberia. Se inicia el 28 de julio de 1855 con el primero de una serie de siete artículos que llevan como título “Watt, su vida y sus inventos”. García Carrasco, además de escribir artículos sueltos, es el encargado de redactar los editoriales, los artículos de fondo del diario hasta su muerte el 10 de enero de 1857. Tras su fallecimiento, la redacción de estos editoriales que aparecen sin firma recae en Concepción Arenal hasta que Nocedal, ministro de Gobernación, promulga la Ley de Imprenta de 15 de mayo de 1857, donde se impone la obligación de firmar los artículos que versen sobre política, filosofía y religión. Mes y medio después, el 30 de junio, se publica una nota en La Iberia en la que se alude a los artículos sin firma publicados por Concepción Arenal y se anuncia el cese de su colaboración como redactora fija. Esta afrenta legal a sus capacidades sería respondida de una manera sublime por su parte.

La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad (1860) que será premiado por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, a pesar de que la escritora encubriera su identidad bajo el nombre de su hijo Fernando, que entonces tenía solo diez años. Averiguada la verdadera autoría, por primera vez en la historia de la Academia se concede el premio a una mujer, ya que sus miembros fueron conscientes de la importancia del trabajo al analizar unos conceptos que en aquella época estaban poco claros. Otra vez pionera en favor de las figuras femeninas.

El 4 de abril de 1864 es nombrada Visitadora de Prisiones de Mujeres.

En 1871 era nombrada secretaria general de la Cruz Roja de la Sección de Señoras.

En 1872 fundó la Constructora Benéfica, una sociedad dedicada a la construcción de casas baratas para obreros.

 También colaboró organizando en España la Cruz Roja del Socorro, para los heridos de las guerras carlistas.

Y así podría seguir hasta llenar el servidor con todo lo que realizo esta mujer en su vida.

Citas célebres atribuidas a concepción arenal:

“Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”.

“La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo”.

“Sustituir el amor propio con el amor de los demás, es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo”.

“Tal es la situación de la mujer: abiertos todos los caminos del sentimiento, cerrados todos los de la inteligencia”.

“Las malas leyes hallarán siempre y contribuirán a formar hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas”.

“La mujer magnetizará el mundo, tantas veces impenetrable a la palabra que da vida”.

“Toda voz que se levanta y no escucha otra que la contradiga se convierte en voz de mando”.

“Hay tanta justicia en la claridad y tanta claridad en la justicia que no parece loca la esperanza de que llegue el día que se confundan”.

“¿Cómo hay dos criterios, uno aplicable al mal que hacen a las mujeres, y otro al que pueden hacerse los hombres entre sí? La razón de esto es la supuesta inferioridad de la mujer: nada puede ser mutuo entre los que no se creen iguales”.

“El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído”.

En definitiva 

Concepción Arenal fue una escritora y activista social española que se destacó por su defensa de los derechos de las mujeres. Se la considera una de las pensadoras más rigurosas del siglo XIX. Fue capaz de cuestionar las teorías que sostenían la inferioridad femenina por razones biológicas y reclama el acceso de las mujeres a la educación y al trabajo. También se dedicó a la reforma del sistema penitenciario, la caridad cristiana y la ayuda a los pobres. Su pensamiento se basaba en el principio de la igualdad humana y el respeto a la dignidad de todas las personas. Una mujer espectacular que considero que es menos conocida que otras a las que allanó el camino, digna de un biopic sobre su vida que haga que jamás caigan en el olvido todas sus aportaciones.

Un saludo y muchas gracias por leerme.

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