Hoy os traigo una poesía especialmente dedicada a 4 personas que cada noche de verano disfrutan de una amistad intergeneracional. Ese tipo de amistad real en la que todas comparten su experiencia y visión del pasado, presente y futuro. Esa en la que la mayor comparte lo vivido y la menor la ilustra en la nueva realidad. Diferencia de opiniones que sustentadas en el cariño y la tolerancia hacen que se unan aún más, algo impensable hoy en día. Esta poesía está dedicada a Asunción, Carolina, Isabel y María, mis seguidoras más fieles que cada noche disfrutan por medio de la más joven de las palabras que comparto con vosotros. Esta poesía va para ellas. Espero que os guste:

Cuando el sol mira a los ojos de la sierra

y la brisa de la noche trae la frescura de esta.

Cuando el aire trae aromas de limón y canela

Y al poco la luna asoma su cara risueña.

Salen al fresco Asunción, Isabel y María

acompañadas de Carolina, la más pequeña.

En sus sillas de enea, comparten alegría, 

anécdotas pasadas de tiempos de postguerra.

Mirando las estrellas a los ausentes recuerdan,

caídos en el camino de esta vida tan perra.

Historias de un lechero de carácter afable 

que recorría su pueblo cántara en mano.

Regalando sus chistes y palabras amables

a todos demostró su calidad como humano.

Aún nadie llena esa silla que permanece vacía

nadie ocupa el lugar que ella llenaba.

La añoranza se mezcla con la pena y alegría 

esa que con su carácter divertido ella regalaba

Pero qué bonito es no caer en el olvido,

que los momentos vividos tengan sentido,

que nuestras acciones nos mantengan vivos

en las palabras de nuestros seres queridos
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