Esta es otra de esas expresiones que usamos en muchas ocasiones, aunque es cierto que precisamente esta se esté quedando en desuso, al menos para referirse al hecho por el que principalmente surgió. Como todos sabéis, es una forma “elegante” (discutible esto hoy en día) para referirnos al acto sexual, aunque actualmente se utiliza para expresar que hemos o nos han convencido de algo y no necesariamente con intercambio de fluidos.

En esta ocasión tenemos un par de versiones que, lejos de ser antagónicas, pueden ser complementarias, puesto que parece que la última revitalizó a la expresión antes mencionada.

Otra vez la Celestina

La literatura siempre crea cultura popular y como en el artículo de la procedencia de la virguería tenemos otra vez como protagonista a la Celestina, aunque en aquella ocasión este libro del siglo XV tan solo nos aportaba una referencia escrita del oficio del remiendavirgos. 

En esta novela, orgullo clásico de la literatura hispana, Calisto, un joven de la nobleza, que persiguiendo a uno de sus halcones de caza, termina entrando, sin darse cuenta, en el jardín de Melibea. Al verla se enamora perdidamente de ella y empieza a recitar las más tiernas palabras de amor. Melibea, sin embargo, lo rechaza.

¿Un piquito? le dijo el seguro de sí mismo, a lo que ella respondió,¡ NO!. ( Texto adaptado a los tiempos que corren puede que la cita no ocurriera si)

Calisto con el corazón roto, acude a su casa henchido del dolor que le provocaba el desamor y busca refugio en las palabras de su criado Sempronio. Este le recomienda a su señor que contrate los servicios de la celestina, una anciana alcahueta que ducha en estas labores, conseguirá con sus artes que Melibea cambie de opinión y en esta ocasión sea ella quien requiera un encuentro con Calisto.

El encuentro se llevó a cabo en el huerto de Melibea y de ahí nació, al parecer, la expresión de llevarse al huerto a alguien para referirse a los encuentros amorosos.

Por si no conocéis la obra no desvelaré el final de la misma, tan solo os diré que la mención al caso de Rubiales y Jenni Hermoso no ha sido casual. 

La segunda versión más turbia aún.

Según nos cuenta en Quora, el emprendedor digital Jean Danós, la expresión se revitalizó a principios del siglo pasado por unos asesinatos ocurridos en el pueblo sevillano de Peñaflor.

Allí vivían Juan Aldije, alias “el francés”, natural de Agen, una población del País Vasco francés, y su socio, José Muñoz Lopera, natural del mismo Peñaflor.

El segundo servía de gancho en las cantinas de la localidad, donde captaba incautos a los que convencía para acudir a la casa de un francés que vivía solo, donde podían hacer crecer sus ingresos( robándole). Allí los recibía el primero de ellos, siempre con un talante tranquilo y hablándoles con su acento afrancesado, algo que no hacía sospechar de sus argucias a aquellos que acudían a su hacienda.

Los convencía para que fueran al huerto, siempre el visitante delante y cuando tenía oportunidad les abría la cabeza con una barra de hierro sin mediar piedad alguna. Allí quedaban los cadáveres despojados de sus pertenencias, logrando repetir el acto hasta 6 veces antes de ser descubiertos.

Recibieron la pena capital. Fueron ejecutados por garrote vil en la cárcel sevillana del Pópulo, el 13 de octubre de 1906. El caso fue seguido por toda España a través de todos periódicos.

Y se popularizó la frase “llevar al huerto” como un concepto sinónimo de convencer a alguien con triquiñuelas y engaños, así como un segundo dicho adicional: “eso es el huerto del francés” para referirse a zonas donde no adentrarse porque te pueden robar y cosas peores.

Para finalizar, un apunte heterobásico que diría mi prima, tan solo deciros que tengáis cuidado con a quien lleváis a vuestro huerto porque estaría muy feo que invitarais a un vegano a vuestra parcela y al final le ofrezcáis carne (aunque seguro que disfruta la postura rancapapas y una buena berenjena).

Mucho mejor ofrecerle ver en tu casa una peli de Netflix (que está más de moda) con unas buenas palomitas de maíz (¡cuidado con el exceso de sal que escuece!) y sobre todo recordar que solo si es sí.


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