Hoy quiero compartir con vosotros una historia que se repite más de lo que debiera. Justo cuando las parejas empiezan a disfrutar del esfuerzo realizado en sus vidas, los problemas los alcanzan. Parece que todo estuviera calculado para ello. Existe una enfermedad que curiosamente es más dura para el que atiende que para el enfermo. Esta en la que ves como tu familiar, poco a poco vuelve a la niñez y ya no recuerda tu rostro y en ocasiones ni el suyo. Un doloroso camino en el que presencias como se marchita sin remedio y en el que cada vez los momentos de lucidez son menos. La poesía de hoy habla de ello, espero que os guste:

Un desconocido me persigue,

llora nombrando mi nombre.

Esto hace que me intrigue:

¿Quién será ese hombre?

Ese hombre angustiado,

canoso y encorvado,

que corre sofocado

suplicando mi parada.

¿Que querrá ese señor?

¿Pensará que estoy tarada?

¿O querrá de mis favores?

No sabrá que estoy casada

con el mejor de los señores.

Ese hombre que me sigue

algo a mi amado se parece.

De nuevo hace que me intrigue,

y su grito me estremece

"Vuelve a mi lado cariño"

Y yo no lo conozco.

Si mi amor es un niño

y recién abrió un kiosco,

su rostro es aún lampiño 

y ese es un anciano hosco. 

¡Qué tonta, otra vez me he equivocado!,

Ese anciano es mi marido. 

He de volver a su lado.

Maldita suerte inmerecida

esta que nos ha tocado.

Ahora que vivimos la vida

después de tanto trabajado

que profunda es la herida

de no recordar a tu amado.


Categorías: Poesía

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