En el anterior artículo de esta serie dejamos a Catalina confesando su vida al obispo de Guamanga, que se apiadó de ella. Después de una vida desenfrenada desde que salió del convento y desde que tornara su vida hacia su naturaleza interior, Catalina se enfrentaba ahora a la prueba más dura que cabria esperar para alguien en su situación, la realidad.

Pero lejos de lo que podamos pensar de la sociedad del siglo XVII, nuestra heroína no fue ni sometida a escarnio público, ni quemada en la hoguera, ni siquiera se la obligo a vivir de acuerdo al género de su nacimiento. Curioso como estas historias personales desmontan poco a poco la leyenda negra que se cierne sobre el pasado de nuestro país.

Dos matronas certifican que es una mujer y que está libre de pecado carnal.

Por lo inverosímil de su historia, ella incita al obispo para que la revisen y el resultado es el que os he mencionado anteriormente. Es necesario comentar que carecía de busto, puesto que siendo una adolescente y estando totalmente segura de quien era, usó un emplasto que le causó mucho dolor, pero que se los seco y jamás crecieron. Así narra catalina en sus memorias el encuentro con las matronas:

“A medio día comí, después reposé un rato. A la tarde, como á las cuatro, entraron dos matronas y me miraron y se satisfacieron, y declararon después ante el obispo con juramento, haberme visto y reconocido cuanto fue menester para certificarse y haberme hallado virgen intacta, como el dia en que nací. Su ilustrísima se enterneció, y despidió á las comadres, y me hizo comparecer, y delante del capellán, que vino conmigo, me abrazó enternecido, y en pie, y me dijo: hija ahora creo sin duda lo que me dijisteis, y creeré en adelante cuanto me dijereis; y os venero como una de las personas notables de este mundo, y os prometo asistiros en cuanto pueda y cuidar de vuestra conveniencia y del sevicio de Dios”

Catalina de Erauso

Recapitulemos, estamos ante un hecho de lo más curioso, uno de los máximos representantes de la iglesia y por ende de las personas más poderosas de su tiempo, no ve con malos ojos la historia de Catalina, sino todo lo contrario, la entiende y empatiza con su situación y lejos de condenarla a la hoguera o la horca(de hecho la salva de ella) la protege.

Estancia en el convento y reconocimiento público.

A catalina la aceptaron, en la iglesia de Guamanga, la vistieron de monja y toda la ciudad acudió a ver tamaño milagro, la monja alferez, todos en el convento la aceptaron y abrazaron.

“Corrió la noticia de este suceso por todas partes, y los que antes me vieron, y los que antes y después supieron mis cosas se maravillaron en todas las Indias”. 

Catalina de Erauso

Estuvo en el convento por 2 años hasta que de España llegó una misiva la cual decía que al no haber tomado los hábitos no podía continuar al amparo de la iglesia, pero se certificó su vida y se le dio pasaje para volver a la península.

De vuelta a España no sin pasar penurias

En su viaje a la península aún le dio tiempo a enfermar y estar a punto de morir por unas fiebres, a tener de nuevo problemas con el juego y a salvar la distancia desde las indias que no era cosa desdeñable.

Llegó a Cádiz el 1 de noviembre de 1624, allí conoció a dos de sus hermanos que servían al mando de D. Fadrique de Toledo, uno de ellos era alférez como ella. Al parecer, la historia de la monja alférez había cruzado también el charco y Catalina era toda una celebridad en el reino.

Esto hizo que tuviera que intentar pasar desapercibido debido a que mucha gente acudía a conocerla, cruzó la península como pudo y llego a Pamplona. Al ser año de jubileo decidió ir a Roma, tomo camino por Francia, donde fue apresada y acusada de ser espía de España.

Presa en Francia y despojada de todas sus pertenencias

Estuvo 50 días apresada, la dejaron libre al no encontrar nada en su contra:

«Me soltaron, pero no me dejaron proseguir mi camino que llevaba, mandándome volver atrás pena de galeras; con que hube de volverme con mucho trabajo, pobre, á pie y mendigando.»

Catalina de Erauso

De esta forma llego ante el conde de Agramonte, virrey de Pau, gobernador de Bayona, que se apiadó de ella y le proporciono vestimenta, dinero y un caballo para que volviera a Madrid.

Una vez en la capital del reino consiguió tener audiencia con el Rey, al que le solicitó que se la premiara por los servicios que durante 20 maños prestó a la corona. Este, totalmente asombrado por su historia, concedió a Catalina 800 escudos de renta de por vida, una fortuna para la época. Eran común entonces que el rey y los propios oficiales del ejército premiaran con “ventajas” a aquellos soldados que se destacaban en las gestas que realizaban por la corona.

De camino a Barcelona a la altura de Lérida(así lo escribe ella, 1626 recordemos) tuvo un encuentro con unos asaltantes que la dejaron totalmente desnuda, sin armas y que le aligeraron la carga de todo el dinero que llevaba, ella nos narra que llegó a Barcelona a pie totalmente avergonzada:

 «Yo, por allí, de casa en casa plageando mi robo, adquirí unos malos trapajos, y una mala capilla con que cubrirme. Ácogíme, entrada mas la noche, debajo de un portal, donde hallé tendidos otros miserables, y llegué á entender que estaba el rey allí, y que estaba allí en su servicio el marques de Montes-Claros, buen caballero y caritativo, á quien conocí y hablé en Madrid». 

Catalina de Erauso

Tuvo la suerte de que el Rey estaba allí y de que al ser ya un personaje reconocido pudo volver a estar en su presencia. : 

«Entré y referí á S. M. mi suceso como me pasó: escuchóme y dijo: ¿pues cómo os dejasteis vos robar? Respondí: señor, no pude mas. Preguntóme: ¿cuántos eran? dije: señor, nueve con escopetas, altos los gatos, que nos cogieron de repente al pasar una breña. Mostró S. M. 1 Tambié n debió haberl e conocido en Lim a de virey , puesto q ue le nombr a en otra parte , á no ser que hubiese fallecido ya y fuese este su sucesor inmediato. con la mano querer el memorial: bésesela, y páseselo en ella, y dijoS. M. yo lo veré. Estaba entonces S. M. en pie, y fuese. Yo me salí, y en breve hallé el despacho, en que mandaba S. M. darme cuatro raciones de alférez reformado, y treinta ducados de ayuda de costa.»

Catalina de Erauso

Llegada a la península Itálica y recepción con el papa.

Desde Barcelona partió en una galera hasta Génova, allí de nuevo tuvo un duelo, esta vez a costa de una afrenta y desde allí pudo llegar a Roma al fin. Tuvo audiencia con el papa Urbano VIII, contó su historia al máximo dirigente de la iglesia y él le concedió la licencia para seguir su vida como un hombre.  

“Partí de Genova á Roma: besé el pie á la santidad de Urbano VIII, referíle en breve, y lo mejor que supe, mi vida y corridas, mi sexo y virginidad: y mostró su santidad estrañar tal caso, y con afabilidad me concedió licencia para proseguir mi vida en hábito de hombre, encargándome la prosecución honesta en adelante, y la abstinencia en ofender al proximo.»

Catalina de Erauso

Allí estuvo mes y medio y no hubo día que no compartiera mesa con gentes de alta cuna:

Regalado de príncipes; y especialmente un viernes fui convidado y regalado por unos caballeros, por orden particular y encargo del senado romano, y me asentaron en un libro por ciudadano romano. 

Catalina de Erauso

Llegada al reino de Nápoles y último lance de sus memorias.

Desde Roma pasó al reino de Nápoles, que en aquella época era parte de la corona española, y allí dio lugar al último de los lances que ella narra en su libro:

Pasado mes y medio que estuve en Roma, me partí de allí para Ñapóles, el diá 5 de julio de 1626 : embarcámonos en Ripa. En Ñapóles un día paseándome en el muelle, reparé en las risadas dé dos damiselas que parlaban con dos mozos, y me miraban, y mirándolas, me dijo una: señora Catalina ¿dónde es el camino? Respondí : señoras p…. á darles á ustedes cien pescozadas, y cien cuchilladas á quién las quisiere defender. Callaron y se fueron de allí. 

Catalina de Erauso

Así acaban sus memorias, después de esto Catalina fue reconocida en prácticamente todo el mundo, se escribieron novelas sobre ellas e incluso obras de teatro que fueron representadas aun estando ella en vida. Volvió a las indias donde regento una armería y según unas fuentes murió en una reyerta cuando protegía un porte para su negocio. Otras nos dicen que se despeñó por culpa de la espantada de unas burras que llevaban la carga. Lo único cierto es que su entierro, al parecer fue todo un acontecimiento, en él, fue llorada y recordado por todos sus contemporáneos.

Conclusiones del autor 

La vida de Catalina nos hace ver que en la época de los descubrimientos y bajo el amparo de la corona española y la iglesia católica primaban más las hazañas de vida que el género de aquellos que las llevaran a cabo, en varias ocasiones os he hablado en esta serie de artículos de mujeres que fueron premiadas por su arrojo y valentía. Esto debería hacernos pensar y replantearnos lo cierto de algunas acusaciones que se hacen en contra de nuestro pasado.

Fuentes

Toda la información para esta serie de artículos ha sido sacada de:

HISTORIA DE LA MONJA ALFÉREZ, DOÑA CATALINA DE ERAUSO, ESCRITA POR EllA  MISMA , 

e ILUSTRADA CON NOTAS Y DOCUMENTOS, 

POR D. JOAQUÍN MARÍA DE FERRER.

Os invito que os acerquéis a esta obra, ya que en ella se extienden sus aventuras, además de poder certificar la veracidad de las mismas con los apéndices del autor de la obra.

Novelas sobre Catalina de Erauso:

Novicia, militar, virgen y casi mártir, pendenciera, pasional, disfrazada casi toda su vida de hombre, Catalina de Erauso, más conocida como la Monja Alférez, es una de las figuras más controvertidas y excepcionales de nuestro Siglo de Oro. Vasca de nacimiento, pasó gran parte de su vida en tierras americanas, desempeñando diferentes oficios y participando en acciones militares…

La libertad lograda por la protagonista de esta historia para alcanzar sus sueños hasta convertirse en soldado es una de las más importantes riquezas que encierra la vida de Catalina de Erauso. Ajena a los convencionalismos sociales de la época, nuestra protagonista rompió con el destino que el hecho de ser mujer le otorgaba para convertirse en un fiero y decidido soldado del rey de España que combatió en América y que se enfrentó con honor y valentía a los enemigos de España. Catalina de Erauso

orría el año 1592 cuando en San Sebastián nacía Catalina de Erauso, la Monja Alférez: Catalina, Francisco, Alonso o Antonio, como quiera cada cual llamarla, pues nunca le importó lo más mínimo, como tampoco su condición, ni creo, su credo. Llevó una vida trepidante, única, libre, con los matices que os encontraréis en la apasionante novela que tenéis en vuestras manos y que, entre la historia y la ficción

Erauso nació Catalina, pero murió Antonio. Novicia convertida en militar, rebelde, violento y pendenciero, Erauso, más conocido como la Monja Alférez, es una de las figuras más controvertidas y excepcionales de nuestros Siglos de Oro. Pasó gran parte de su vida en las Indias, donde desempeñó diferentes oficios y participó en diversas acciones militares y, cuando volvió a España, el alférez llegó precedido por su fama. 

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